Cómo financiar la transición hacia la agricultura regenerativa 

Sadie Bograd · Fellow 

Octubre 2025

La actividad agrícola por su carácter cíclico requiere de financiamiento de capital de trabajo, pero también puede necesitar fondeo de mayor plazo para invertir en infraestructura o la posibilidad de pasar, ciclo con ciclo, a prácticas más sostenibles. Las y los productores de pequeña escala tienen esta necesidad, y se vuelve más importante y urgente cuando se tiene en cuenta la necesidad de poder implementar prácticas más resilientes al cambio climático.

Sin embargo, el acceso al crédito en este sector es limitado y complejo por los altos costos de transacción, la falta de garantías o activos fijos, la falta de historial crediticio y la falta de registros y formalización de las actividades familiares o incluso de las empresas de productores. Los modelos de financiamiento mixto (o “blended finance”), que combinan fondos públicos y/o filantrópicos para catalizar las inversiones del sector privado, pueden facilitar el acceso a préstamos para la agricultura regenerativa, liberando así el capital necesario para impulsar la innovación y el desarrollo sostenible del sector agropecuario.


En 2022 en México, sólo el 6.1% de las unidades de producción agropecuarias reportaron que tenían acceso a crédito. En el sureste, la cifra se situó en 4.2%. Esto no quiere decir que las personas productoras no necesiten préstamos y otros servicios financieros para la producción, al contrario, enfrentan múltiples barreras estructurales para acceder a ellos de manera formal. 

La situación no es exclusiva de México. A nivel mundial, se estima que la brecha de financiamiento para las personas productoras y las agroPyMES es de casi USD 280 mil millones al año, reflejando la magnitud del reto y las grandes oportunidades para transformar el sector. 

Las personas productoras necesitan crédito para transicionar a prácticas regenerativas ya que estas requieren inversión en infraestructura (por ejemplo, sistemas de riego por goteo que reduzcan el uso de agua y mejoren la resiliencia frente a sequías), la compra de semillas resilientes al clima, la conversión de parcelas a esquemas agroforestales y la cobertura de costos ligados a paquetes tecnológicos con insumos verdes, entre otros. Estas iniciativas pueden mejorar los ingresos y abrir acceso a mercados diferenciados a la vez que protegen el medio ambiente, pero no son viables si las y los agricultores carecen del capital inicial y del flujo necesario para operar de manera continua. 

¿Por qué es tan difícil acceder a financiamiento para los productores de pequeña escala y sus PyMES, aún cuando la actividad que tienen es rentable? Algunas respuestas a esta pregunta son:

  • Muchos productores no cuentan con documentación formal de ingresos ni con títulos de propiedad, lo que dificulta demostrar solvencia y ofrecer garantías como colateral. 
  • Generalmente, requieren créditos pequeños y medianos que, debido a su tamaño, no siempre cubren los costos de originación y operación del préstamo, y por lo tanto generan bajos márgenes para las entidades financieras.
  • La gran distancia a las sucursales bancarias y la falta de acceso a tecnología complican o encarecen el proceso crediticio. 
  • El acceso limitado a educación financiera hace que muchas personas productoras no identifiquen cómo el financiamiento podría usarse en su caso, y pueden desconocer los distintos tipos de productos posibles.

Por su parte, muchas entidades financieras tienen carteras de crédito al sector agricola relativamente pequeñas o en solo unas actividades como granos y café. Prestar a otras actividades puede considerarse muy riesgoso y en general ampliar la cartera agrícola se considera complicado. Se agrega a esto que se perciba en muchos casos un riesgo tal vez más alto que el riesgo real, lo cual desanima a explorar un mayor financiamiento al campo.

El reto es tan amplio, complejo y grande que existen muchas maneras de abordarlo. Una de ellas es involucrar directamente al sistema financiero para escalar el impacto, a través de modelos como el financiamiento mixto. En este esquema, en lugar de destinar capital filantrópico y de impacto directamente a las agroempresas, estos recursos se usan para movilizar fondos privados.

Desde Nuup, hemos diseñado un modelo que nos permita colaborar con las entidades financieras que ya están financiando al campo para establecer esquemas que les permitan prestar más y mejor a los productores de pequeña escala y sus agroPyMEs, a la par que trabajamos con estos para establecer registros, planes financieros y operaciones que les permitan acceder y operar el financiamiento.

Lo que hemos desarrollado también ha sido por inspiración, aprendizajes y colaboración con otros. Primero, con entidades financieras de México con un amplio recorrido de impacto como Findeca, Ucepco, Fondo Mas y El Buen Socio. Segundo, creando un canal de colaboración con Aceli Africa, una iniciativa pionera en el impulso de modelos de financiamiento mixto en África Oriental, que ofrece incentivos a instituciones financieras locales para que den préstamos a agroPyMEs y que está operando ya en Kenia, Uganda, Zambia y Tanzania, entre otros.

En México, establecimos Coa, una plataforma financiera enfocada en facilitar el acceso al financiamiento sostenible para agroempresas y personas productoras de pequeña escala en el sureste del país. Con el respaldo de nuestros aliados The Nature Conservancy, Dalberg y Aceli Africa, y el apoyo de la Fundación W.K. Kellogg, Coa se ha consolidado como un referente en la implementación de soluciones financieras inclusivas y sostenibles.

El enfoque integral de Coa propone acciones e instrumentos para resolver retos de la demanda como de la oferta de financiamiento. Por un lado, moviliza capital privado y filantrópico hacia el sector agrícola; por otro, ofrece una combinación de instrumentos innovadores que permiten a las instituciones financieras aprobar préstamos que de otra forma no se otorgarían, ya sea por los altos costos de originación o por la falta de garantías reales suficientes por parte de los beneficiarios.

Además, Coa incorpora incentivos específicos para potenciar el impacto de los créditos: bonos adicionales para préstamos dirigidos a mujeres, jóvenes e indígenas; para iniciativas de agricultura climáticamente inteligente; y para prestatarios sin acceso previo a financiamiento. De esta forma, conecta proyectos viables y rentables que necesitan capital con las instituciones financieras dispuestas a ofrecerlo, contribuyendo a transformar el acceso al financiamiento rural en México.

Coa también brinda asistencia técnica a los intermediarios financieros y a las agroempresas, apoyándolos en el diseño de productos de crédito y asegurando que las personas productoras y sus agroempresas tengan el conocimiento para gestionar sus finanzas. Estas asesorías varían según las necesidades de las agroempresas, e incluyen desde el diseño de estructuras organizacionales hasta la elaboración de planes financieros. 

Coa inició en 2022 y tuvo una primera fase de pilotaje y despliegue en 2022-2024. En 2025 hemos activado el mecanismo de garantías y para 2025 esperamos poder ampliar el programa de incentivos y las zonas cubiertas por el modelo así como explorar cómo aplicar el modelo de incentivos para el financiamiento de las actividades de pesca y acuicultura sustentable. 

En su etapa inicial entre 2022 y 2024, Coa estableció una red inicial de 11 entidades financieras y llevó a cabo el primer “benchmark” de análisis de carteras del Sureste identificando tendencias, retos compartidos y oportunidades que las financieras podían explorar. Gracias al programa de incentivos de originación, las entidades financieras prestaron $156 millones de pesos a productores y agroPyMEs. Por cada peso que Coa invirtió en incentivos de originación, se generaron 31 pesos en créditos al campo. Este financiamiento benefició a 9,300 personas en Chiapas, Oaxaca y la Península de Yucatán. Estos números evidencian el potencial del financiamiento mixto: puede apalancar los fondos filantrópicos para alcanzar un impacto exponencial en el acceso al crédito rural.  

En los próximos años, Coa ampliará su alcance incorporando más instituciones financieras en distintas regiones del país, además de mejorar la calibración de los incentivos de originación y las garantías, y sistematizar la asistencia técnica. Todo con un mismo objetivo: fortalecer la plataforma y reducir la brecha de financiamiento que enfrentan las personas productoras de pequeña escala. Con estas acciones, Coa seguirá abriendo camino hacia un futuro más sostenible, en beneficio tanto del medio ambiente como de las comunidades productoras.  Para conocer más sobre Coa, lee el reporte del primer año de operación 

Construimos nuevos
modelos de agricultura